EL ALCOHOL Y EL CORAZON

wpe5.jpg (32072 bytes)El consumo de alcohol está relacionado con un gran número de enfermedades y el desenlace fatal o no fatal, de las mismas, entre aquellos que lo consumen en menor o mayor cuantía, ha despertado un gran interés en el público. El consumo de una gran cantidad de alcohol parece estar relacionado con el daño de órganos y tejidos específicos, como el cerebro, los nervios periféricos, el hígado, el músculo cardíaco, el estómago y el páncreas. En este artículo se estudiarán los efectos del alcohol o etanol, en el múculo cardíaco y vasos sanguíneos.

La Cardiomiopatía, es un término general que denota una enfermedad primaria, no inflamatoria o infecciosa, del músculo cardíaco. El alcoholismo es la causa responsable de un tercio de los casos de cardiomiopatía. En estos casos existe un grado de alcoholismo suficiente como para producir intoxicación, mantenido por varios años, con etapas de embriaguez. El daño del músculo cardíaco se produce por efecto tóxico directo ( veneno) del alcohol o de sus metabolitos ( substancias resultantes del proceso de degradación del mismo en el cuerpo). En una encuesta se ha demostrado que la ingesta de más de 6 tragos diarios aumenta el riesgo de muerte por enfermedad cardíaca..

El paciente afecto de cardiomiopatía alcohólica, presenta síntomas y signos de fallo cardíaco. Ya que el musculo cardíaco se encuentra afectado, la función de bombeo (necesaria para suplir de nutrientes a las diferentes partes del cuerpo), falla. El volumen de sangre bombeado o expelido por el ventrículo derecho e izquierdo (cavidades cardíacas inferiores) disminuye y es incapaz de cubrir las necesidades del cuerpo. Como consecuencia el paciente se siente débil fatigado y le falta el aire, incluso ante un mínimo esfuerzo y es incapaz de permanecer en posición horizontal al acostarse. Las radiografías muestran un corazón grande y que existe congestión pulmonar.

El electrocardiograma revela alteraciones del ritmo o de la actividad eléctrica del músculo cardíaco. El ecocardiograma (estudio gráfico de la movilidad de las paredes internas obtenidas por rayos directos de ultrasonido que atraviesan la caja torácica), es muy útil a la hora de precisar si las cavidades están dilatadas o no y si la contractilidad del músculo cardíaco está disminuída.

En la gran mayoría de los casos el síntoma predominante puede ser una alteración del ritmo cardíaco. La fibrilación atrial es una de las arritmias más comunes y se presenta después de un episodio de embriaguez en un alcohólico crónico, este estado se denomina "el síndrome de la fiesta cardíaca", porque sucede en los fines de semana o días festivos. En la fibrilación atrial hay pequeñas áreas musculares en las cavidades superiores (aurículas izquierda y derecha, o cavidad auricular), que se excitan y dan lugar a contracciones incoordinadas y temblorosas. Esto sucede por una alteración en el circuito eléctrico del corazón lo que conlleva a un rápido e irregular ritmo cardíaco. El diagnóstico de fibrilación atrial se lleva a cabo por el electrocardiograma (gráfico que traza la actividad eleéctrica del corazón). El paciente describe esta arritmia como la sensación de un ritmo rápido, incómodo o como palpitaciones, latido cardíaco fuerte que se asocia con falta de aire y ansiedad. Las arterias coronarias nutren al músculo cardíaco con los nutrientes y oxígeno necesarios, durante la fase de relajación o llenado del ciclo cardíaco (diástole). Esta fase se acorta por los latidos rápidos. En la fibrilación atrial, el paciente se queja de dolores en el pecho similares a la angina, porque debido al latido tan rápido la fase de llenado es inadecuada. Si no se somete a tratamiento médico y la fibrilación persiste, se puede producir un fallo cardíaco y hasta un ataque cardíaco. Este rápido latido cardíaco puede conllevar también a un descenso del riego sanguíneo en el cerebro, especialmente en pacientes mayores que están más propensos a un endurecimiento generalizado de las arterias. En estos casos pueden quejarse también de mareos y hasta casi desmayos.

El desenlace de la cardiomiopatía alcohólica es variable y depende del grado de daño cardíaco que exista antes de iniciar el tratamiento.En aquellos pacientes que continuan bebiendo cantidades substanciales después del diagnóstico de cardiomiopatía, el pronóstico suele ser pobre. Se conocen algunos casos en los que el corazón ha regresado a su normal funcionamiento e incluso las cavidades cardíacas han recuperado un tamaño normal después de un período de abstinencia. Se realizó un estudio en 64 pacientes con cardiomiopatía alcohólica,a lo largo de 4 años, un tercio de los pacientes se abstuvieron de ingerir alcohol y el índice de mortalidad fue de un 9%,aunque solo un pequeño número presentó mejorías clínicas. Entre los que continuaron bebiendo, más del 50% fallecieron por la enfermedad.

El tratamiento de la cardiomiopatía alcohólica depende del estadío de la enfermedad en el que el paciente consulta por primera vez al médico. Durante la primera etapa de la enfermedad el paciente presenta síntomas de congestión cardíaca (falta de aire, accesos de tos por la noche e incapacidad de permanecer en posición horizontal al acostarse), todo ésto se mejora con los diuréticos (drogas que favorecen la eliminación de sal y agua por los riñones, es decir favorecen la diuresis). A medida que avanza la enfermedad se añaden otras medicinas que disminuyen el trabajo del corazón, como los "vasodilatadores" ( drogas relajantes de las células musculares en los vasos sanguíneos, agrandando su calibre). Estas medicinas reducen la presión arterial y reducen el volumen sanguíneo que regresa al corazón, facilitando la función de bombeo del mismo hacia otras partes del organismo.

Los digitálicos aumentan la capacidad de bombeo del músculo cardíaco y es muy útil en los estadíos avanzados de fallo cardíaco, por ello, ayudan a controlar los ritmos rápidos que se dan junto a la fibrilación atrial. Por supuesto, el paciente debe de ser advertido en cuanto a la importancia de la abstención de bebidas alcohólicas, lo antes posible.

Se nota un aumento de la tensión arterial por encima de lo normal en los alcohólicos, sobre todo si se toma después de ingerir alcohol. La tensión arterial puede mantenerse elevada varios días y después de un corto período de abstinencia puede descender repentinamente. Se han documentado entre los grandes bebedores, subidas de tensión arterial y aumentos de derrames cerebrales (sangramientos o hemorragias en el cerebro). Pueden existir aumentos tanto en la tensión sistólica (cifras altas) como en la diastólica (cifras bajas) y tanto como 10 mm.Hg.(mercurio) por encima de los valores normales, en aquellos que toman más de dos tragos o copas diarias.